Respirar el mar • Guapísimas

El mar es una gran medicina. Eso lo sabemos desde los tiempos de nuestras abuelas -o bisabuelas-, cuando a los enfermos de ciertas dolencias se les mandaba a la costa a centros de talasoterapia y se les metía, vestidos y a caballo (si hacía falta) para que pudieran aprovechar todas sus bondades.

Bañarse, pisar su arena durante un paseo y quedarse mirando fijamente el horizonte tienen unos efectos relajantes evidentes. Pero no solo eso. La brisa del mar contiene una serie de partículas que pueden sumar a tu salud y mucho.

Los principios básicos de la talasoterapia sostienen que los minerales y oligoelementos que posee el mar pueden ser absorbidos por ósmosis (a través de la piel), de forma que se equilibran los fluidos del organismo, ayudando a mejorar la salud de forma global. Ese es el motivo porque el que, tras unos días de playa, notas la musculatura relajada, se te pasa la tos, las heridas han cicatrizado y te sientes con la energía renovada.

Descansas mejor

También es por todos comprobada la sensación de que cuando llegas a una zona costera, salvo por problemas como calor o mosquitos –o fiestas de los vecinos-, sueles dormir mucho mejor. El entorno natural y el sonido del mar ayuda a bajar los niveles de estrés y es como si su sonido te acunara a la hora de dormir. No en vano, al volver a la ciudad, son innumerables los audios con sonido de olas a los que muchas personas recurren para conciliar el sueño.

Aunque es cierto que se descansa mejor, conviene estar vigilante si tienes la tensión baja porque, a nivel del mar, baja más aún. Es posible que al principio te sientas más cansada o apática de lo habitual pero en un par de días te aclimatas y empiezas a notar los beneficios.

En un simple paseo por la orilla o sentada frente al mar practicando la respiración de forma consciente puedes absorber muchos nutrientes que tu cuerpo necesita.

Un aerosol natural

La brisa marina es como una especie de aerosol natural muy rico en zinc, potasio, yodo y hasta 89 elementos esenciales y la humedad que genera ayuda a limpiar el aparato respiratorio, expulsando el moco y mejorando la función de la nariz.

Además de oligoelementos, el mar contiene vitaminas y microorganismos que liberan sustancias antibacterianas. Tiene una alta concentración de sales minerales disueltas, y todo ello va entrando en nuestro organismo sin darnos cuenta.

Al borde del mar, el aire está limpio y repleto de oxígeno. Hay que aprovechar y realizar respiraciones para poner nuestro cuerpo a punto. El cerebro también se beneficia de este “párate y respira” frente al mar. Después de hacerlo, notarás que los niveles de estrés y ansiedad se reducen.

La luz solar también contribuye a tener un efecto antidepresivo y ansiolítico, tomado con precaución, además de contribuir a sintetizar los niveles de vitamina D.

En las zonas donde hay corrientes de agua en general (sea dulce o salada) circulan por el aire partículas conocidas como iones negativos. Estos, al contrario que los positivos (que nos hacen sentirnos irritables y cansados), ayudan a estimular los neurotransmisores, cuya liberación produce sensación de bienestar, ayudan a relajarnos y a producir serotonina, despejan la mente y ayudan a conciliar el sueño.